Se enamoró, es cierto, y lo hizo de tal manera que no se separó de ella en toda la noche por ver si notaba que a ella le pasaba lo mismo. Se sentó a su lado y la miraba cuando ella no le miraba. La olía sin querer y se asfixiaba pensando lo que sería besarla. Su boca era como un imán para sus ojos y pensaba que besarla en los labios sería suficiente para después poder morir tranquilo, pero por más que se mordía el labio inferior, ella no le decía nada. Solo se reía, sobre todo cuando se daba cuenta de que él se ponía colorado. Y encima, le dio por reírse a carcajadas cuando le preguntó si quería tomar algo o si quería bailar o si quería clavarle un cuchillo en la garganta... Bueno eso no se lo dijo, pero si se lo hubiese pedido, creo que lo hubiese hecho, siempre y cuando luego, hubiera podido besarla, claro.
Estuvo todo el tiempo a su lado, como un pasmarote, sin bailar con nadie, aunque tampoco se lo pidieron muchas; solo sus primas y algunas amigas de éstas, que años mas tarde le confesaron que estaban intentando ligar con él. Pero no tenía ojos, ni oídos, ni gusto para nadie que no fuera Teresa. Sus pensamientos solo eran Teresa, su boca, sus ojos, su pelo, su cuerpo... Y ella seguía allí sin moverse de la silla, mirando inquieta para todos lados y diciendo a todos que no quería bailar, de lo que él se alegraba enormemente e incluso llegó a creer que lo decía para que se lo pidiera otra vez. Y lo hizo, ... y otra vez le dijo que no, eso sí, sonriendo y diciendo algo de sus primas y de no se qué amigas de éstas. Vaya, que le dio largas, una y otra vez, mientras le preguntaba a Nacha, su prima, si esa noche no vendría su hermano mayor, es decir, su primo.
El tiempo pasó volando y de pronto la pista se llenó de gente más mayor: padres y abuelos, tíos y tías-abuelas. Llegaron también sus primos mayores, los que tenían barba - alguno ya había hecho la mili en la legión- y que eran muy corpulentos y fuertes, de trabajar desde muy pequeños en el campo y también tenían un morro con las chavalas impresionante. Sus primos y sus amigos no se juntaban mucho con él, porque eran mayores y porque le veían como un niño de ciudad, canijo y un poco sabiondillo, que no tenía la fuerza de ellos, ni bebía cubatas hasta quedarse tonto, como hacían ellos, y lo que es peor, ni siquiera fumaba, por lo que era imposible sangrarle el tabaco, como hacían con los otros primos urbanitas. Sus primos mayores, ahora están todos casados, medio calvos y tripones y solo hablan de fútbol, del precio que tienen las pipas de girasol y de lo buenos que son los 4x4 que tienen, pero entonces eran unos chulillos vacilones que se jactaban de ligarse a todas las chavalas y luego se iban con el coche a la era o a la discoteca del pueblo de al lado, que tenía unos reservados para parejas, que él llegó a conocer unos años después. Pero eso fue después, ahora, seguía al lado de Teresa.
lunes 22 de marzo de 2010
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