martes, 9 de marzo de 2010
Un Instituto para vivir
Me parece que dentro de muy poco vamos a cumplir años y ya estamos caminando hacia las celebraciones. El Tierno anda de preparativos. Ya tenemos un Certificado de Calidad y somos un centro valorado por muchos padres y madres de Alcalá. Pero el camino ha sido largo y tortuosos en estos años. Yo llegué hace casi 17 años y recuerdo un antiguo centro casi vacio por dentro y por fuera. Ahora siento mucho orgullo de los cambios conseguidos. Nuestro Jardín, a pesar de la basura que algunos se empeñan en plantar, siempre me pareció un trabajo bien hecho. Los edificios han dado caracter unitario al centro a pesar de su separación y los profesores hemos ido pasando o quedando para convertirlo en lo que ahora es. Pero como siempre, y en eso no cambiaré nunca, tengo pegas que poner. Creo que hemos retrocedido en cuanto a conseguir eso que ya llamo el orgullo de pertenecer al Tierno. Me gusta mi trabajo, me gusta dar clases y enseñar sobre la materia que me gusta, pero sobre todo me gusta educar a los chavales y chavalas para que sean buenas personas, se interesen por aprender, por mejorar y sean amantes de nuestro entorno, de nuestro patrimonio y de ellos mismos ( y lo de amantes es una metáfora) y en ese trabajo siempre me verán. Por ello me apunto siempre a todas las actividades formativas como los viajes de estudios o los intercambios escolares, las actividades deportivas o hacer teatro. Me parece de lo más importante y tengo que decir que es en esas actividades donde mejor veo mi contribución y la de mis compañeros (al menos de los que opinan como yo)a la hora de conseguir que mis niños y mis niñas (así me gusta llamarlos) crezcan conmigo. Con el tiempo, muchos de ellos y de ellas son mis amigos y mantengo con muchos un contacto muy cercano porque nos consideramos unos a otros importantes. También los compañeros de trabajo (no todos, es verdad) han sido y son parte de mi vida. Sin Charo, sin Antonio, sin Inma, sin Ana, sin Cristina, sin Jesús, sin José Manuel y sin muchos otros que están o que pasaron, pero que se quedaron en nuestra historia tampoco habría mucho que celebrar. Por favor, sigamos haciendo cosas que vayan más allá de contar los suspensos o los que aprueban la selectividad. Eso está muy bien, no digo que no, pero si tenemos en cuenta que al final podemos equivocarnos al poner notas o decidir sobre un examen, prefiero pensar en las personas y en conseguir su calidad y la calidez. Dentro de poco celebraremos un cumpleaños, los 25 años del Profesor Tierno Galván (qué joven) y espero celebrarlos con los que estén y con los que estuvieron. Esa sería la mejor señal de que el centro sigue vivo.
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